Sumérgete en un viaje a través del tiempo mientras exploramos el encanto del Puente de Tacuaya, una joya histórica que une los municipios de Yacuanquer e Imués sobre el majestuoso río Guaítara. La fotografía de paisajes históricos capturando la magia de este puente olvidado.
La fascinante historia de un viaje al Puente de Tacuaya, una estructura que data de 1858 y que ha sido testigo de innumerables eventos a lo largo de los siglos. Durante mucho tiempo fue el único paso a través del río Guaítara hacia y desde el sur del continente americano. Muchas historias de comerciantes, militares, fugitivos, campesinos y esclavos pasaron a través de su estructura, que se mantiene en pie hasta el día de hoy. En Nariño existen muchos lugares en donde podemos poner en práctica la fotografía de paisajes históricos, en esta oportunidad viajaremos a lo profundo del cañón del río para encontrar este gigante de más de 150 años de edad.
El puente de Tacuaya fue declarado Monumento Departamental mediante ordenanza No. 022 del 20 de noviembre de 2001. Este puente tiene especial interés por su arquitectura y su contexto histórico.
Es un puente de calicanto de un solo arco, una proeza de la ingeniería y de la sensibilidad artística del constructor. Se eleva sobre el río, uniendo las paredes del cañón, de una forma estable y firme aun después de 166 años de construido. Es indiscutible que las construcciones de este tipo son duraderas, siendo este puente un gran ejemplo de ello.
El puente de Tacuaya fue, por muchos años, el paso obligado de los viajeros entre Colombia y el sur del continente americano. El profundo cañón del río Guaítara es una barrera natural difícil de atravesar. Caminar sobre esta estructura nos lleva a pensar en los cientos de personas e historias que se enfrentaron a varias horas de viaje por estos agrestes senderos.
Fotografiar el paisaje histórico de la zona del puente de Tacuaya es traer al presente uno de los hechos sangrientos de la historia independentista de Colombia. Para contextualizar es importante recordar los hechos sucedidos después de la batalla de Bomboná de 1822.
Económicamente, la región sufría las consecuencias de una prolongada guerra. Las actividades agrícolas y comerciales estaban severamente afectadas, lo que provocaba escasez de alimentos y bienes básicos. Las rutas comerciales eran inseguras y muchas haciendas estaban destruidas o abandonadas. La economía colonial se encontraba en crisis debido a los bloqueos y la destrucción causada por el conflicto.
La situación en el sur de Colombia, en lugares como Pasto, era particularmente compleja. Pasto y sus alrededores eran bastiones realistas y muchos de sus habitantes mantenían una fuerte lealtad a la corona española, en contraste con las regiones del norte que apoyaban mayoritariamente la independencia. Esto convirtió al sur en un escenario crucial de enfrentamientos durante la campaña libertadora.
En el territorio comprendido entre el río Azufral, el río Guaítara, el río Cariaco, en la ruta entre Consacá y Pasto, se enfrentaron realistas (ejército leal a la corona española) liderados por Basilio García y patriotas (ejército que buscaba liberar el sur de Colombia) liderado por Simón Bolívar. Basilio García tenía una posición aventajada en el terreno, lo que hizo que la batalla fuera violenta, con muchas bajas, principalmente de los patriotas. Sin embargo, al finalizar el combate, el libertador reclamó la victoria argumentando que se quedó con el campo de batalla.
A pesar de la sangrienta lucha y la pérdida de importantes militares y soldados, la campaña libertadora avanzó hacia Quito. Por otro lado, la dura resistencia ofrecida en el sur de Colombia provocó la ira del libertador. La muerte del general Torres y todas la bajas sufridas, provocaron las represalias en contra de los habitantes de Pasto. Un ejército ensañado en contra de la población civil dio rienda suelta a toda serie de abusos y violencia desmedida en contra de los pastusos. Este episodio quedó consignado en los libros de historia como la Navidad Negra.
Más aún, no fue esta la única acción en contra de los habitantes de Pasto. También se sabe que muchos fueron llevados con engaños hacia el Ecuador, y en el camino, de forma ejemplarizante, fueron asesinados. Es así como, en el sector en el que hoy se encuentra el puente de Tacuaya, 14 parejas de reconocidos ciudadanos de Pasto, amarrados de pies y manos, fueron lanzados al abismo. Se entiende que estas acciones, de extrema violencia, pretendían eliminar cualquier foco de apoyo a la corona española. Un sueño de libertad, cimentado con la sangre y el terror de inocentes.
Más allá de todos estos acontecimientos penosos, como los trae todo tipo de guerra. El puente de Tacuaya se construyó en 1855, evidenciando que su ubicación estratégica y la necesidad de conexión entre los pueblos era más importante que cualquier rencor y venganza.


El puente de Tacuya está ubicado sobre el río Guaítara, en la parte del cañón que une a Imués con Yacuanquer. Una forma de llegar es viajar desde Yacuanquer, por la carretera circunvalar al volcán Galeras, hasta el punto conocido como Cuatro Esquinas, desde donde se debe tomar el desvío hacia el occidente en dirección a la vereda Tacuaya.
La carretera hacia la vereda Tacuya está en buen estado y cuenta con placa huella en la mayor parte del recorrido. Es posible descender en dirección del el río Guaítara por carretera destapada hasta la Minga Asorquidea que cuenta con una sede llamada la Finca Reserva Comunitaria Nukanchi. A partir de este punto, solo es posible continuar el camino con un vehículo de doble tracción o a pie, puesto que la carretera es empinada y de difícil acceso.
El descenso se hace a través de un camino algo descuidado, que poco a poco termina en el fondo del cañón del río, en donde se ubica el puente. Es importante mencionar que la temperatura cambia drásticamente a medida que se desciende por el cañón, la humedad aumenta y la sensación térmica se incrementa. La vegetación también sufre una fuerte transición, de los cultivos de clima templado y cálido de la parte alta, en el fondo del cañón sobreviven soló algunos árboles cubiertos de musgo, y es más frecuente encontrar cactus a lo largo del recorrido.
Una caminata al puente de Tacuya puede ser una actividad no apta para todas las personas. Físicamente, es extenuante, se requiere de una condición física mínima para realizar una caminata de descenso a través de un camino empinado, pedregoso y, en muchas ocasiones, lleno de maleza.
Sin embargo, para los amantes de la naturaleza, encontrarán una serie de contrastes sorprendentes. La parte alta, en cuatro esquinas, el paisaje de clima frío es predominante, donde la neblina es un protagonista en la mayoría de las tardes. En la cercanía de la Minga Asorquidea, encontramos cultivos de clima templado y caliente. La carretera destapada permite observar el cañón del río Guaítara, su abrupta geografía, enriquece el paisaje con texturas de los abismos profundos.
Ya iniciado el recorrido a pie, el camino se torna escabroso. El descenso es relativamente fácil, no obstante, se debe tener cuidado por el estado de deterioro en el que se encuentran ciertas partes del camino. En este punto, el paisaje se transforma y la vegetación se hace escasa.
Solo en términos de la sensación térmica y la vegetación, una caminata al puente de Tacuya es un valioso recorrido. En pocos minutos disfrutamos de varios pisos térmicos, con sus respectivas transformaciones del paisaje.
Al llegar al puente, el abismo sobre el que fue construido, nos deja una sensación de asombro, el río se repliega un poco, justo en el estrecho en el que se cimienta la construcción. Se siente el poder del agua, su sonido característico al golpear las rocas, el viento al ascender por el borde de la garganta refresca del calor y la humedad.
Como un desafío al tiempo y la naturaleza, el puente se siente firme, sin vibraciones, inmutable. Es cierto que es evidente el paso del tiempo y el poco uso, puesto que muchas plantas han tomado posesión de la plataforma y se nota el deterioro del petril, el muro de seguridad que limita los lados del puente. Aun con todo esto, es un puente funcional.
Al revisar el arco del puente, con un poco de detenimiento, desde un costado, es posible apreciar el año de construcción. 1855 está escrito en alto relieve, lo que es más increíble. Centenares o miles de caminantes, sus cargas, las bestias y el ganado desfilaron por este lugar. Cuántas historias se vivieron gracias a esta construcción.
Ya estando en este lugar y con la mente viajando en el tiempo, llega la hora de volver. Salir del cañón del río es otro tema, ahora peleamos contra la gravedad, el cansancio, el calor y la humedad. Solo quienes disfrutan del apasionante viaje por las historias y el tiempo recuperarán sus fuerzas para ascender sintiendo que valió la pena llegar allí.









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